sábado, 25 de septiembre de 2010

Importancia del ferrocarril y la industria durante el porfiriato

Durante su gobierno se reinició la construcción de los ferrocarriles y se tendieron más de 5 mil kilómetros de vía férrea en cuatro años. En marzo de 1884, ya se podía ir en ferrocarril de México a Chicago. Las compañías norteamericanas aprovecharon las ventajosas concesiones que habían firmado con Díaz. Al trazar los ferrocarriles impusieron, desde entonces, sus intereses, aprovecharon su fuerza y su capital para trazar las líneas ferroviarias hacia la frontera norte, sin pretender comunicar las regiones del país que más lo necesitaban, ni mucho menos conectar por medios ferroviarios las costas mexicanas de ambos mares. Para acelerar la construcción de las vías férreas el gobierno otorgó subsidios a las compañías constructoras, sentando las bases para una crisis de las finanzas públicas que se abatiría sobre el gobierno de Manuel González en la segunda parte de su mandato.
el Ferrocarril Nacional recibió 327 600 hectáreas, en 1910; Pearson, magnate ferrocarrilero, 1.5 millones de hectáreas en Chihuahua; los constructores del ferrocarril del Istmo de Tehuantepec recibieron 600 mil hectáreas. Lo que contribuyó a crear grandes latifundios en manos de empresarios norteamericanos, que incluso po­seían grandes propiedades en la frontera norte. Violando la legislación nacional.
Un hecho significativo del desarrollo capitalista fue el fortalecimiento de los banqueros nacionales y extranjeros. El Banco Nacional Mexicana fundado en 1882 se fusionó con el Banco Mercantil Mexicano, en el que participaban capitalistas españoles y mexicanos, y originaron en 1884, el Banco Nacional de México, con atribuciones de recaudador de impuestos, de hacer préstamos y anticipos al gobierno y encargado de la Tesorería General. También en 1884, de Código de Comercio prohibió la apertura de nuevos bancos de emisión.
Porfirio Díaz dejó un legado para la historia: más de 24,000 Km. De vías férreas que servirían como base para el desarrollo industrial del resto del siglo XX. El proyecto que Porfirio Díaz tenía en mente era bastante atractivo pero, desafortunadamente, pasó de ser una industria competitiva a un monopolio mal estructurado, con líneas diversificadas a lo largo del territorio y, si bien favorecía el comercio y transporte, lo hacía de manera selecta. Por ello, durante el porfiriato toda la zona sur-sureste se mantuvo, casi, como antes de la llegada del más grande invento del siglo XIX. Se preguntará el lector hasta éste punto de la lectura, a que se debe tan lúgubre título, y es que pues, después de haber analizado todo lo anterior, a pesar de que la empresa no desapareció del todo después de la revolución, estaba basada en maquinaria obsoleta y la implantación de mejoras no estuvo a la par de los sustitutos como las carreteras y aviones. Si bien el ferrocarril mexicano no fue un completo fracaso, una mejor administración y un poco más de inversión hubiera hecho de México un país muy diferente al de nuestros días.

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